UPND SALTA

TERRITORIO DIAGUITAGHASTA

DERECHO A LA COMUNICACIÓN CON IDENTIDAD

21 de febrero de 2017

Los hackers que conectan a pueblos olvidados






Thelma Gómez Durán Feb 11, 2017

Hace cuatro horas la camioneta 4x4 dejó la ciudad de Oaxaca y se internó en los caminos de la sierra norte. Aún falta una hora para llegar a San Juan Yaeé. Si este viaje se realizara en transporte público —en un camión que solo pasa una vez al día—, el trayecto duraría ocho horas. Quizá más.

El tiempo depende de la espesura de la niebla que cobija estas tierras casi todas las tardes. También de si la lluvia no deja a su paso derrumbes o troncos caídos. Son pocos los que se internan en los caminos angostos y más profundos de la sierra. Son contados los que visitan las pequeñas comunidades zapotecas salpicadas entre montañas y bosques. La camioneta 4x4 color gris recorre estos senderos con frecuencia. Hoy lleva, amarrados sobre su techo, una escalera, cinco delgados tubos de cobre y un mástil metálico de más de tres metros de altura.

Con esos fierros encima es difícil que pase inadvertida. Para las dos mujeres que se dirigen a pie hacia San Juan Yaeé, la camioneta es su salvación. Se paran en medio del camino y piden un aventón. Con sonrisas tímidas agradecen que se les ahorre una hora de trayecto. Con los desconocidos hablan poco; entre ellas platican en zapoteco. Al llegar a su destino se atreven a preguntar en español: “¿Ustedes son de la telefonía?”. En la tienda, en la presidencia municipal y en la escuela primaria rural “Mártires de la Revolución”, la camioneta 4x4 cargada con sus fierros provoca las mismas preguntas.

“¿Ya vienen a arreglar la señal? ¿Cuándo va a quedar? ¿Hoy podremos hablar?”, pregunta, impaciente, David, campesino que también tiene una tienda. “El celular nos hace mucha falta. Yo lo necesito para hablar con mis hijos que estudian en la ciudad, allá en Oaxaca”.

“En estos días hemos estado sin señal y no podemos comunicarnos con los esposos cuando van al campo”, explica María, una de las mujeres que llevan el almuerzo a la primaria para compartirlo con sus hijos durante el recreo.

Desde el amplio patio de la escuela, mujeres y niños miran cómo Agustín Hernández y Javier de la Cruz, técnicos de Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias (TIC, A. C.), bajan de la camioneta tubos, escalera, rollos de alambre de cobre y cajas de herramienta. Se preparan para subir el cerro Las Tres Marías. La misión no es fácil, mucho menos cuando se tienen que cargar todos esos fierros y herramientas. En la cima de ese cerro está la antena que hoy se cambiará y que sostiene parte del equipo —creado con software y hardware libre— con el que es posible que este pueblo tenga su propia red de telefonía celular. Con los técnicos, en plena faena, están el secretario municipal y los regidores de Educación, Hacienda y Salud; fueron elegidos por usos y costumbres para ocupar esos puestos como parte del tequio, trabajo comunitario que rige la vida social de estas tierras.

San Juan Yaeé, comunidad de poco más de mil habitantes, fue una de las primeras en sumarse a la Telefonía Celular Comunitaria, iniciativa impulsada por Rhizomática y Redes por la Diversidad, Equidad y Sustentabilidad, A. C., organizaciones que desde 2013 trabajan con pequeñas localidades para que operen y administren su propia red de telefonía móvil, una red autónoma que no depende de las grandes empresas que durante años se han negado a llevar el servicio a estas pequeñas poblaciones.

En México, de acuerdo con cálculos de la organización Redes, cerca de 50 000 localidades no tienen telefonía celular; son comunidades con menos de 5000 habitantes, número necesario de pobladores para que grandes empresas consideren otorgar el servicio.

La Telefonía Celular Comunitaria comenzó como un experimento. Hoy es una red presente en 17 comunidades de Oaxaca. Una red que permite a casi 3000 personas comunicarse con celular pagando tarifas mínimas, que ha demostrado que los pueblos rurales e indígenas pueden operar su propia infraestructura en telecomunicaciones y, sobre todo, que ha abierto caminos alternativos para que estas poblaciones tengan acceso a la tecnología.

DE NIGERIA A OAXACA

Para entender cómo nace esta telefonía, hay que contar parte de la historia de un estadounidense, graduado en estudios urbanos por la Universidad de Pensilvania. En Estados Unidos, Peter Bloom conoció a nigerianos exiliados y el sitio de internet que crearon para difundir información censurada en su país: Saharareporters.com. Su interés por los medios independientes tomó fuerza. Viajó al país africano y colaboró con organizaciones que usaban el celular como aliado para divulgar violaciones a los derechos humanos. La herramienta tecnológica comenzó a perder eficacia cuando el gobierno empezó a espiar y a intervenir los teléfonos de los activistas. Además, el costo por mandar mensajes de datos era elevado. Ahí fue cuando Peter se preguntó: cómo hacer que una infraestructura, que la comunicación misma, no estuviera atada a las grandes compañías. Con esa idea fundó Rhizomática.

En Nigeria, Peter realizó experimentos para crear una red descentralizada de celulares. Tuvo avances, pero el proyecto no prosperó. Dejó África y en 2010 llegó a México. En tierras oaxaqueñas comenzó a colaborar con Palabra Radio, iniciativa que impulsa la apropiación de la tecnología en las comunidades y la creación de contenidos para las radiodifusoras comunitarias e indígenas. Conocer el contexto de estas radiodifusoras, su funcionamiento con pocos recursos, su historia de resistencia y el papel central que juegan en los pequeños pueblos —la mayoría sin servicios de telefonía— reactivaron sus reflexiones. ¿Si ya existe la red de radiodifusoras comunitarias —se preguntó— por qué no evolucionar hacia otras redes en el terreno de las telecomunicaciones?

Las herramientas que lo podrían ayudar las encontró en el mundo hacker. En Estados Unidos y Alemania se desarrollaban un par de proyectos de software y hardware libres para instalar redes de telefonía móvil; se trataba solo de experimentos para ser utilizados en festivales de música. Peter entró en contacto con esos hackers. En eso estaba cuando, en noviembre de 2011, conoció a Erick Huerta, abogado que, a mediados de la década de 1990, egresó de la Universidad Iberoamericana.

Erick realizó su servicio social en comunidades oaxaqueñas. Ahí conoció el “México profundo”, aquel que describió Guillermo Bonfil Batalla y que aún persiste. Durante un buen tiempo, Erick dividió su vida en dos. Trabajaba en un despacho especializado en telecomunicaciones y cuando podía viajaba a comunidades indígenas —varias de ellas ligadas al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)— para conocer más sobre sus formas de organización y la defensa de su autonomía.

Durante el sexenio de Vicente Fox, Erick encontró la oportunidad de unir sus dos vidas. En esos años se dieron las reformas al Artículo 2 de la Constitución, para reconocer que las comunidades indígenas tienen derecho a operar y administrar sus propios medios de comunicación, así como a tener acceso a la red de comunicaciones. Al final del sexenio de Fox, Erick trabajó en la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), como director de acceso a tecnologías de información y comunicación. Ahí conoció el proyecto de los centros digitales que formaban parte del programa sexenal e-México, para “llevar internet a las comunidades más alejadas”. Comprobó que “los centros se montaban sin entender las necesidades de las comunidades y sin que existiera la infraestructura necesaria para que funcionaran”. Él intentó corregir esas fallas, pero no logró mucho.

El sexenio de Fox terminó y, con él, la etapa de Erick en el gobierno federal. Lo que siguió fue su interés en continuar trabajando con las comunidades, pero ahora desde la sociedad civil. Creó Redes por la Diversidad, Equidad y Sustentabilidad, A. C., organización que trabaja el tema de la comunicación comunitaria.

En un encuentro de comunicadores comunitarios, realizado en Talea de Castro, Oaxaca, a finales de 2011, Peter conoció a Erick. Le explicó sus ideas de crear una red de telefonía celular para las comunidades, utilizando equipos con software libre. Erick, desde Redes, comenzó a estudiar las posibilidades para obtener el permiso. Peter, con Rhizomática, buscó la forma de obtener el equipo que, en ese entonces, costaba cerca de 35 000 dólares.

La idea de Peter llegó hasta oídos de Minerva Cuevas, artista conceptual que se entusiasmó tanto con el proyecto que consiguió fondos para comprar el equipo; después de utilizarlo en una de sus instalaciones lo donó a Rhizomática. Entre 2011 y 2012 se hicieron las primeras pruebas en la sierra norte de Oaxaca. Se demostró que el equipo sí funcionaba en estas tierras dominadas por los cerros. Lo que seguía era tener una comunidad decidida a instalar la primera red. Esa comunidad fue Talea de Castro.

En 2013, justo cuando estaban las discusiones de la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, Redes, Rhizomática y la comunidad de Talea de Castro solicitaron a la entonces Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) una concesión experimental para su telefonía celular. La obtienen y el momento no podía ser mejor. Gracias a esa concesión, las organizaciones —sobre todo Redes— lograron incidir para que en la Ley Telecom se estableciera que en el espectro de telecomunicaciones se debe incluir el “uso social”, para que se garantizara el derecho de las comunidades indígenas a tener sus propios medios de comunicación y acceso a las telecomunicaciones.

LA LUCHA CONTRA GOLIAT

Entre los cerros que forman la sierra de Juárez de Oaxaca está Talea de Castro, lugar donde la Telefonía Celular Comunitaria mostró sus virtudes, pero también sus debilidades. Y, sobre todo, el sitio donde esta apuesta se enfrentó a las grandes empresas.

No puede decirse que Talea de Castro es un pueblo. Tampoco llega a ser una ciudad. Es la cabecera municipal adonde muchos habitantes de la sierra llegan para comprar lo que en sus comunidades no hay, para comercializar el café o para hacer trámites burocráticos. Aquí, a diferencia de muchos de los pueblos de la sierra, una gran parte de la población es mestiza. Aun así, los usos y costumbres marcan su organización social y política.

La noche de un martes de septiembre conocí a Keyla Ramírez, administradora de la red de Telefonía Celular Comunitaria en Talea de Castro. Me habían advertido que ya no quería hablar sobre el proyecto de telefonía. Pero ese día acepta contar lo que sucedió. Todo empezó con la radio comunitaria de Talea de Castro, Dizha Kieru (“Nuestra Palabra”, en zapoteco), la cual era operada por jóvenes. La radio los llevó a conocer a Peter Bloom y su idea de la telefonía celular. “Nos emocionamos mucho —recuerda Keyla—, porque en Talea no había servicio de telefonía. El municipio lo había solicitado varias veces a las compañías, pero ninguna quería instalarlo porque decían que no era costeable”.

El primer equipo se instaló en 2013. Cuando comenzó a funcionar, los pobladores hacían filas para activar su celular. En unas cuantas semanas se tuvo poco más de 300 usuarios. Al ver la gran demanda, las autoridades municipales decidieron adquirir un equipo con mayor capacidad y, por lo tanto, más caro. En ese entonces el costo era de 380 000 pesos. Las autoridades hipotecaron terrenos y pidieron préstamos para reunir el dinero. El nuevo equipo llegó en 2014. Para recuperar la inversión comenzó a cobrarse 30 pesos al mes por usuario. La red de telefonía celular de Talea llegó a tener 500 celulares activados. “Era tanta la demanda —cuenta Keyla— que la red se saturaba y comenzaba a fallar. Decidimos poner restricciones, como no activar teléfonos a menores de edad. Al principio tuvimos muchos dolores de cabeza. No sabíamos qué hacer cuando la red se caía, cuando se iba la luz y el equipo no se reiniciaba. Ahorita ya sabemos cómo resolverlo porque hemos tenido capacitaciones, pero al principio nos tocó enfrentar la prueba-error”.

Llegó 2015 y, con él, los cambios políticos que se viven en los municipios oaxaqueños regidos por usos y costumbres; en ellos, cada año, cambian las autoridades. Al nuevo presidente municipal la telefonía comunitaria no le agradaba, sobre todo porque el proyecto fortalecía aún más a la radio, la cual no era bien vista por varios políticos de la región.

Los problemas técnicos —las llamadas se cortaban y la red se caía con frecuencia—, así como la deuda que aún tenía el municipio, fueron los argumentos que utilizaron las nuevas autoridades para golpear el proyecto de telefonía. Decidieron no apoyarlo. Obligaron a los jóvenes de la radio a reintegrar los 380 000 pesos invertidos. Por lo que se regresó el equipo a los fabricantes y ellos devolvieron el dinero. Las autoridades municipales ocuparon esos recursos para pagar la instalación de una antena telefónica de Movistar. Como arte de magia, a Talea de Castro llegó una de las grandes empresas que durante años se había negado a pisar estas tierras. Y arribó con promociones de celulares al dos por uno, regalando fichas de recarga, camisetas, banderines y globos. Muchos globos verdes.

Keyla decidió seguir con la telefonía comunitaria. Rhizomática llevó a Talea de Castro un equipo nuevo que, hasta ahora, se sigue pagando. De los 500 usuarios que llegó a tener la red comunitaria de Talea de Castro ahora solo continúan 40. “¿Usas Movistar o la comunitaria?”, es una pregunta que se llega a escuchar en Talea. Si la respuesta es Movistar, la reflexión es: “¡Claro, tú tienes dinero!”. Usar el servicio de una empresa otorga un estatus diferente en la comunidad, no importa que sea más caro e ineficiente. Cuando hay niebla —algo muy cotidiano—, la red de Movistar presenta varias fallas.

A veces Keyla ha tenido ganas de no seguir porque con dificultad reúne el dinero que se necesita para mantener la red. Para ahuyentar esa idea piensa en las mujeres que cada mes activan su teléfono para hablar con sus esposos e hijos migrantes que viven en Estados Unidos. Hay otra razón por la que no se da por vencida. Y es el orgullo de saber que Talea de Castro fue la primera comunidad en mostrar que era posible tener otras alternativas y no depender de las grandes compañías. El orgullo de saber que gracias a que ellos se atrevieron otras comunidades adoptaron la Telefonía Celular Comunitaria.

A tres horas de Talea de Castro, al otro lado de los cerros, está Villa Alta, lugar en donde la telefonía comunitaria tiene más usuarios: poco más de 650. La demanda ha sido tal que ya se instalaron dos antenas y hay planes para colocar una tercera.

Santiago Nuyoo fue la comunidad número 17 que se sumó a la red. En julio pasado estrenaron su equipo y ya tiene 150 usuarios. Hoy poco más de 2700 personas —tanto en la sierra norte como en la sierra mixe de Oaxaca— son un eslabón de la red de Telefonía Celular Comunitaria a la que autoridades y Movistar trataron de frenar. Pero, como dicen las abuelas: lo que no mata, fortalece.

Antes de que venciera el plazo de la concesión experimental que permitió la operación legal de las primeras redes de esta telefonía comunitaria, Rhizomática, Redes y más de una decena de comunidades formaron la asociación civil TIC, A. C. Bajo esa figura solicitaron al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) una concesión para “uso social”. Uno de los argumentos que usaron en su solicitud fue la resolución de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la cual reconoce la importancia de impulsar a pequeños operadores comunitarios para la cobertura social.

En julio de 2016, el IFT otorgó la concesión para “uso social” a TIC, A. C., la cual permite extender esta telefonía no solo en otras áreas de Oaxaca, también en Chiapas, Veracruz, Guerrero y Puebla. Esa concesión es pionera en el mundo. En ningún otro país se ha otorgado parte del espectro de telecomunicaciones para “uso social”. Erick Huerta, de Redes, lo califica como una revolución en el mundo de las telecomunicaciones.

“El esquema tradicional —explica Erick— considera que todo es un gran mercado, el cual se debe regir por la competencia. En ese esquema se supone que las grandes empresas van a dar servicio a esas comunidades, pero en realidad no lo hacen porque no es rentable para ellas. Al incluir el espectro para uso social no apuestas por un mercado, no apuestas por rentabilidad, apuestas por la sostenibilidad. Permites que entren otros modelos”.

UNA TELEFONÍA “DE NOSOTROS”

En la sierra norte de Oaxaca hay una región conocida como El Rincón. Ahí se habla una de las variantes del zapoteco; a quienes son originarios de estas tierras se les conoce como los xhidza. Santa María Yaviche es una de las comunidades que están en este rincón. Tiene poco más de 700 pobladores. Los papeles dicen que forma parte del municipio de Tanetze de Zaragoza, pero hace tiempo que la comunidad decidió ser autónoma. Eligieron no depender de otros para encontrar soluciones a sus necesidades. Su apuesta les funcionó. Abrieron una secundaria y un bachillerato, crearon la Fundación de Santa María, A. C. —enfocada a proyectos agroforestales—, e hicieron sonar su propia radio bautizada como Bue Xhidza (Aire Zapoteco). Pero había algo que no lograban conseguir: el servicio de telefonía celular.

Osvaldo Martínez, quien regresó a su pueblo después de estudiar agronomía en Chapingo, aún conserva los oficios que en agosto de 2008 presentaron en las oficias de Telmex y Movistar para solicitar que llevaran sus servicios a Santa María Yaviche. “Nos dijeron que no era posible porque somos un pueblo chico”.

En 2013, Osvaldo conoció el proyecto de la telefonía comunitaria durante un taller de radiodifusoras indígenas, en Guelatao de Juárez. Regresó a su pueblo y en una asamblea explicó que sí era posible tener servicio de telefonía y para ello no necesitaban de las empresas. En esa asamblea hubo quienes veían el celular como un peligro para su comunidad.

“Ya no vamos a tener comunicación persona a persona”, dijo alguno.

“Se van a romper nuestros usos y costumbres”, temió otro.

“Se va a dar más infidelidad”, advirtió alguien más.

“Si la telefonía va a ser de nosotros, no de una empresa, nosotros vamos a tener el derecho de apagarla si se están haciendo cosas indebidas, si no nos beneficia. Así que vamos a probar”, explicó un hombre mayor.

Al final, la comunidad aprobó que la radio comunitaria
—coordinada por Osvaldo— se hiciera cargo de la telefonía. Osvaldo recuerda que “se hizo la cooperacha” y compraron un equipo que, a diferencia del de Talea de Castro, era mucho más barato. Un palo de bambú sirvió como torre para instalar el equipo. Así funcionó varios meses hasta que se consiguieron recursos para tener una torre de metal.

En septiembre de 2016, Santa María Yaviche cumplió tres años con su red de Telefonía Celular Comunitaria. Tiene cerca de cien usuarios. Los recursos que reúnen cada mes no solo se utilizan para el funcionamiento de la red, también les alcanza para pagar los gastos de operación de la radio comunitaria. “La radio permitió que tuviéramos telefonía, ahora la telefonía hace fuerte a la radio —dice Osvaldo—. La telefonía ha sido muy importante en el proceso de autonomía. Ha mostrado que nosotros, los pueblos, podemos tener nuestros propios medios de comunicación”.

Las mujeres —asegura Osvaldo— son las que más usan la telefonía. Llaman a una tienda para preguntar el precio de los huevos o el aceite. Después llaman a la otra tienda y preguntan lo mismo. Así deciden dónde comprar. Si llega alguien a preguntar por su marido y él está en el campo, ya no tienen que ir a buscarlo o enviar a uno de sus hijos. Solo le llaman por teléfono.

En Santa María Yaviché, los celulares también han servido para que el campesino que se cortó con el machete avise a su familia. Para alertar cuando entra alguien desconocido al pueblo. Para llamar a la radio comunitaria para que avisen al pueblo que ese día, en su casa, se vende frijol o carne de cerdo. Y sí, los celulares también han sido aliados de los infieles. Un día, recuerdan en el pueblo, los restos de un celular amanecieron regados al pie de una ventana. Pronto se supo que el teléfono fue destruido por un marido que descubrió a su esposa enviando mensajes amorosos a otro hombre. El marido ya no quiso saber nada de los celulares.

No sucede lo mismo con otras personas del pueblo. Cada vez son más los pobladores, sobre todo jóvenes, que preguntan: “¿Cuándo vamos a tener internet?”. Incluso, un día antes de encontrarme con Osvaldo, dos mujeres fueron a buscarlo cuando miraron pasar la camioneta 4x4 cargada de fierros que se dirigía a San Juan Yaeé. “Creo que son los del internet”, le dijeron.

—Ya nos estamos preparando para cuando llegue internet —dice Osvaldo—.

—¿Cómo? —pregunto.

—Con educación. Nosotros tomamos de afuera lo que nos ayuda y lo adoptamos a nuestra realidad. Lo que no nos sirve lo desechamos. Así está pasando con la radio y la telefonía, como son de nosotros podemos usarlos desde lo que somos como comunidad, como pueblo.

La experiencia de la telefonía llevó a que Osvaldo y otros jóvenes —que estudiaron en las ciudades y regresaron a su comunidad— se interesaran por el software libre; tanto que ahora ya dan cursos sobre esta herramienta a estudiantes de bachillerato. Incluso, están probando hacer aplicaciones para celular, entre ellos algunos juegos que ayuden a fortalecer el uso del zapoteco entre los niños.

¿SOLUCIÓN TECNOLÓGICA? NO, UN MOVIMIENTO SOCIAL

En las faldas del cerro del Fortín, en la ciudad de Oaxaca, están las oficinas de Rhizomática y de TIC, A. C. Son las 11 de la mañana de un lunes. Después de cinco horas de viaje, al lugar llegan los cuatro hombres que representan a San Juan Yagila. Hoy formalizarán la entrada de la comunidad en la red de Telefonía Celular Comunitaria.

En un pizarrón blanco Peter traza algunos dibujos para ilustrar cómo funciona la red, el porqué es necesario tener una conexión de internet —que proporciona una pequeña empresa local llamada Protokol— para acceder a un servicio de transmisión de voz en línea VoIP y realizar llamadas de larga distancia. También explica cómo se distribuyen los recursos financieros. Al mes cada usuario debe cooperar con 40 pesos, para tener activo su celular en la red comunitaria. De esa suma, 25 pesos se quedan en la comunidad —para pagar la luz y el servicio de internet; si sobra dinero, la comunidad decide a qué destinarlo—, y 15 pesos se integran a TIC, A. C.

Las llamadas a otros teléfonos que forman parte de la red no tienen costo. Si se quiere llamar a un número que no esté en la red es necesario realizar una recarga. Esas llamadas, así sean al extranjero, tienen un costo de 70 centavos el minuto.

En San Juan Yagila, como en otras pequeñas comunidades, hasta ahora la única forma de hablar por teléfono es en casetas, donde se cobra entre cinco y ocho pesos el minuto. “Sale muy caro. Y luego no hay privacidad cuando uno habla, porque en la caseta todo mundo oye”, dice Vicente Paulino, presidente municipal de San Juan Yagila. Vicente —como muchos de sus vecinos— ya tiene un celular, pero no lo puede usar en su comunidad, solo le sirve cuando viaja a Ixtla o a Oaxaca.

A diferencia de otras comunidades, en donde los hombres son los que deciden en las asambleas, en San Juan Yagila fueron las mujeres —organizadas en una cooperativa— las que votaron a favor de la telefonía comunitaria. Y fue así porque ellas prestaron los 150 000 pesos que costará el equipo. Ese dinero se le tendrá que regresar, poco a poco, cuando la telefonía comience a funcionar.

Un mes, por lo menos, tardará en llegar el equipo que se instalará en San Juan Yagila. Cuando eso suceda será la comunidad número 18 en tener esta telefonía. La Telefonía Celular Comunitaria ha decidido crecer a paso lento. Y no es por falta de comunidades interesadas en sumarse —cerca de 200 la han solicitado—; Peter explica que se decidió bajar el ritmo de crecimiento, por el momento, para realizar ajustes técnicos en las comunidades donde ya funciona, por ejemplo, instalar sistemas de pararrayos y de protección a las variaciones de corriente eléctrica para evitar daños a los equipos.

“Nosotros —explica Peter— le estamos apostando más a ser un movimiento social que una solución tecnológica. Nuestra intención es detonar procesos para que la gente tome conciencia de que pueden hacer estas cosas, pero sobre todo que pueden hacerlo de una manera razonable en precios y complejidad. Y que hacerlo implica responsabilidades, pero también fortalece su autonomía”.

La estructura de la Telefonía Celular Comunitaria se basa en los principios de autonomía y de formación de redes. Son las comunidades las que tienen el control sobre su red, ellas la administran y operan. El plan es que también sean quienes las instalen, reparen y actualicen. Para lograr esto se diseñó un diplomado para formar promotores técnicos comunitarios, en donde se enseñará cómo construir un transistor, softwarelibre, montar enlaces de telefonía y wifi.

Erick explica que el modelo de la telefonía comunitaria se rige bajo los principios de San Andrés. También toma formas de organización puestas en marcha en India para tener acceso a internet: “Una estructura de red es más difícil destruirla porque no está centralizada”.

Redes y Rhizomática buscan que este modelo de telefonía se replique en otros estados del país y en Latinoamérica. Por lo pronto, comunidades afromestizas y de misquitos, en Nicaragua, ya lo comenzaron a hacer; con la asesoría de estas organizaciones están instalando su propia red de telefonía y dando los primeros pasos para que su gobierno les otorgue una concesión para “uso social” de telecomunicaciones.

Un obstáculo para la expansión de la telefonía comunitaria en Oaxaca y otros estados del país es que muchas comunidades no tienen ninguna forma de acceder a internet. En esos lugares, esta red solo serviría para hacer llamadas dentro de la misma comunidad, porque sin internet no es posible realizar llamadas de larga distancia.

“En Oaxaca —explica Peter— tenemos una serie de problemas con la infraestructura básica. Las redes de fibra óptica llegan solo a unas cuantas ciudades y las tienen sobrevendidas, porque no dejan pasar suficiente ancho de banda, para mantener precios altos. Nosotros con el tema de los celulares estamos lidiando con la última milla, lo local, que es la parte más desatendida. La infraestructura que hay en Oaxaca es de ciertas empresas; ellas deciden qué hacer con eso y lo que deciden es no atender estas comunidades. Tampoco dejan que otras empresas lo hagan, porque les cobran muy caro acceder a su fibra óptica. Es un juego muy sucio. Eso hace que no se expanda el acceso a internet como debería ser”.

Este juego sucio no solo afecta a las comunidades al dejarlas sin acceso a internet. También tiene un impacto económico. En San Juan Yaeé, por ejemplo, Fermín Lorenzo instaló un pequeño negocio en donde renta cinco computadoras conectadas a internet. Para tener acceso a dos megas de internet, Fermín paga 1600 pesos al mes a una de las contadas empresas que ofrecen servicios de internet en pequeñas comunidades de la sierra norte. Para poder reunir esos 1600 pesos, Fermín renta a sus vecinos tiempos de conexión a wifi; una hora tiene un costo de ocho pesos.

Si Nigeria fue el lugar que activó en Peter sus reflexiones sobre el control que tienen las grandes empresas en la infraestructura que usamos para comunicarnos, Oaxaca es el sitio en donde Rhizomática y Redes están buscando caminos alternativos para que las comunidades puedan acceder a internet.

SOBERANÍA TECNOLÓGICA

Las radiodifusoras comunitarias ayudaron a dar vida a la Telefonía Celular Comunitaria. Ahora, la telefonía impulsa el siguiente paso: construir una infraestructura autónoma para que las comunidades tengan acceso a internet.

Tener una red autónoma de internet no es un sueño descabellado. Un ejemplo es Guifi.net, una red libre, abierta y neutral que funciona en España y con la que Redes ya comenzó a tener contacto.

Peter, de Rhizomática, explica que el objetivo es instalar su propia fibra óptica. “Es un proyecto grandísimo —reconoce—, pero factible”. El plan es tener una línea de fibra óptica entre Puebla y Oaxaca. Para ello requieren de una inversión aproximada de cuatro millones de dólares. “Esta fibra permitiría entregar conectividad a empresas pequeñas como Protokol y a nosotros que queremos llevar internet a zonas indígenas que ahora no tienen acceso. No queremos convertirnos en un proveedor de servicios de internet en Oaxaca. La idea es entregar eso a la gente con precios muy por debajo de lo que ahora están. Nuestra intención no es competir en el mercado. Lo que buscamos es que las comunidades tengan acceso, pero que también fortalezcan su autonomía y tengan soberanía en la infraestructura”.

El camino legal que permitió a TIC, A. C. obtener una concesión para “uso social” del espectro es una herramienta más para que las comunidades tengan su propia red de internet. Erick, de Redes, comenta que ahora que muchos se preguntan cómo conectar a los millones de personas en el mundo que no tienen acceso a internet, “la respuesta es a través de estos sistemas de uso social”.

Si no se tiene un control sobre la infraestructura, advierte Erick, es difícil garantizar los derechos digitales. “Hay que construir infraestructura y dispositivos. Cuando tienes control de la infraestructura tu lucha es otra”.

La defensa de los derechos digitales, señala Peter, es un frente importante, pero se ha abandonado el debate sobre la infraestructura, sobre cómo se conectará a internet la mitad del mundo que aún no lo está. “Para mí esa es la batalla, ver qué va a pasar con esa gente que es la que vive en las condiciones más vulnerables, con más pobreza y más desafíos. ¿Queremos que Facebook y Google les lleven internet con drones? ¿Se pueden ver otras alternativas?”

Peter recuerda que las grandes corporaciones en telecomunicaciones, así como empresas que nacieron con internet —como Facebook—, invierten justo para conectar a la gente que falta, “pero es una inversión mínima comparada con la riqueza que van a generar al tener los datos de todos, eso sin pensar en el control social y político... Entrar en internet tiene sus cosas positivas, pero también negativas. Es entrar a espionaje masivo y a que comercialicen con tus datos. En las comunidades en donde no hay internet les toca comenzar a concienciarse y preguntarse: ¿Queremos entrarle? ¿Bajo qué términos? ¿Qué control vamos a tener sobre esto? Si la infraestructura es de ellos, ellos son los que podrán decidir cómo van a entrarle a estas tecnologías”.

Después de tres días de trabajos en la cima del cerro Las Tres Marías, de lidiar con la niebla y con la lluvia, los técnicos de TIC, A. C. y las autoridades municipales consiguieron cambiar la antena, instalar un sistema que funcionará como pararrayos y volver a echar a andar la red de Telefonía Celular Comunitaria de San Juan Yaeé, la cual también da servicio a la comunidad de San Miguel Reagui.

Entre los 180 usuarios de la red de San Juan Yaeé se cuenta Lizeth López. Aún no cumple cuarenta años y pronto será abuela. Cuando se entera de que ya se reactivó la señal de la telefonía comunitaria, deja a un lado el telar de cintura en el que da forma a un rebozo. Le llama a su hija que vive en Oaxaca y está embarazada. Después se apura para preparar las cenas que vende en el pueblo. Toma su celular y manda un mensaje colectivo a sus clientes, para informarles sobre el menú: “Hoy hay tacos dorados de pollo”. En menos de un minuto comienza a recibir mensajes con respuestas como esta: “Mándame una orden”, “Yo quiero tres”... Ella prepara los pedidos y su hija pequeña se alista para repartirlos por el pueblo. Lizeth se despide con una frase: “¡Ya ve cómo nos hace falta el celular!”.

17 de febrero de 2017

GRAN KARNAVAL KALLCHAKÍ


Gacetilla de Prensa:

“A CELEBRAR EL GRAN KARNAVAL KALLCHAKÍ”


La Comunidad Diaguita Kallchakí “Las Pailas” convoca e invita a participar del “GRAN KARNAVAL KALLCHAKÍ”, a realizarse el día domingo 26 de febrero de 2017 en el espacio colectivo “Resistencia Kallchakí”, en Territorio Comunitario de Pailas.


Invitamos a todos los hermanos y hermanas Diaguitas, a copleros y bagualeros de los territorios, a los pueblos hermanos  y a la sociedad en general a compartir en reciprocidad esta celebración ancestral.

Esta celebración emerge de las propias entrañas del sentir de un pueblo milenario, vivo y presente.

Como Pueblos Originarios preexistentes nos convocamos a vivir el tiempo y espacio del Karnaval Kallchakí,  donde desenterraremos al Pujllay del Karnaval,  reviviremos y compartiremos momentos de algarabía y bien significativos de nuestra cultura ancestral, revalorizando nuestra identidad y cosmovisión.

Cada año y cada ciclo, el Valle Diaguita Kallchakí en cada uno de sus Territorios desentierra el Pujllay del carnaval para dar lugar a la celebración ancestral y milenaria

Los preparativos para esta celebración se realizan a la par del devenir cotidiano en cada territorio Diaguita, dónde comuneros, comuneras, delegados, delegadas, y autoridades comunitarias trabajan colectivamente cada uno de los ciclos, propiciando los mejores territorios para la siembra, cultivando, criando y cosechando lo propio, preparando los instrumentos, las comidas y los brebajes necesarios que le darán contención, color y sabor a este momento de alto espíritu celebratorio. 


Actividad al aire libre sin costo de ingreso.

Cronograma de Actividades

Hs. 11:00 - Recepción y recibimiento con harina y albahaca a las Autoridades Tradicionales, a Delegados, a miembros de las diferentes comunidades Diaguitas, a hermanos y hermanas de otros Pueblos Originarios, a bagualeros, y copleros y a los visitantes en general.

12:00-13:00  - Almuerzo Comunitario – Asao de vaquillona, choclo, queso, papa, ensaladas de tomate, etc.
Colaboración  - $10 la bandeja

13:00 – Apertura del Patio Carpero con la actuación de:

SANGRE VALLISTA
LUIS PALAVECINO

15:00  - Desentierro del Pujlláy con la actuación de:

LOS KJARKIS

15:30-16:20 - LA BANDA KEVIN
16:30-17:20 - SENTIMIENTO JUVENIL
17:30-18:20 - BENGALA SUPER STAR
18:30-19:20 - LOS DANDIS
19:30-20:20 - LA BANDA KEVIN


20:30 - Cierre de Jornada

Contactos: 0387 15 4892412/ 0387 15 6833148

16 de febrero de 2017

Las tierras indígenas reúnen 80 por ciento de la biodiversidad

Hay más de 370 millones de personas que se reconocen como indígenas en 70 países y sus territorios ancestrales concentran más de 80 por ciento de la diversidad biológica del planeta. Solo en América Latina hay más de 400 pueblos, aunque la mayor concentración se da en Asia Pacífico, con 70 por ciento de su población que se define como indígena.


Pueblos Originarios

Los pueblos indígenas tienen una ricas culturas ancestrales que consideran sus sistemas sociales, económicos, ambientales y espirituales interdependientes. Y gracias a sus conocimientos tradicionales y su comprensión de la gestión de los ecosistemas hacen un aporte valioso al patrimonio de la humanidad.

“Pero también están entre los grupos más vulnerables, marginados y desfavorecidos”, alerta el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

“Y tienen variados conocimientos profundos y local del mundo natural”, destaca la organización con sede en Roma.


“Por desgracia, a menudo los pueblos indígenas pagan el precio de ser diferentes y con demasiada frecuencia sufren discriminación”, subrayó el FIDA, que realizó una Reunión Global sobre el Foro de Pueblos Indígenas del 10 al 13 de este mes en la capital italiana.

La agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reunirá a representantes de instituciones indígenas, así como a sus socios para mantener un diálogo directo entre todos y mejorar la participación de los pueblos autóctonos en los programas nacionales que financia.

Desde hace siglos, las comunidades indígenas han sido“despojadas de sus tierras, territorios y recursos y perdieron el control sobre sus estilos de vida. Representa cinco por ciento de la población mundial, pero 15 por ciento de los pobres”, precisa el FIDA.

Una de las formas más efectivas para sacarlos de la pobreza es apoyar sus esfuerzos para diseñar y decidir su destino, así como asegurarse de que participen en la creación y la gestión de las iniciativas de desarrollo.
Derechos de los pueblos indígenas

La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 13 de septiembre de 2007, establece un marco universal de estándares mínimos para su supervivencia, bienestar y el goce de sus derechos.

El documento trata sobre los derechos individuales y colectivos, sobre cuestiones de identidad y de cultura, sobre educación, salud, empleo e idioma. Además, prohíbe la discriminación y promueve su total y efectiva participación en todos los asuntos que los conciernen.

También garantiza su derecho a permanecer diferentes y a perseguir sus propios prioridades en términos económicos, sociales y desarrollos culturales. El Día Internacional de los Pueblos Indígenas se celebra todos los años el 9 de agosto con el fin de subrayar sus derechos.

El FIDA lleva más de 30 años trabajando con pueblos indígenas, y desde 2003, 22 por ciento del presupuesto anual del fondo se destina a proyectos que los conciernen, principalmente en América Latina y Asia.

Desde 2007, gestiona el mecanismo de asistencia a los pueblos indígenas (IPAF). Mediante pequeños préstamos de hasta 50.000 dólares financia pequeños proyectos propuestos por ellos con el fin de fortalecer su cultura, su identidad, su conocimiento, sus recursos naturales, así como sus derechos humanos y de propiedad intelectual.

Para facilitar la concreción de los compromisos, el FIDA creó el Foro de los Pueblos Indígenas, que promueve el diálogo y las consultas entre organizaciones indígenas, los funcionarios del fondo y los estados miembro.

Al fortalecer a las organizaciones de base y la gobernanza local, el fondo también ayuda a las comunidades indígenas a participar en el diseño de estrategias para su desarrollo y a perseguir sus propios objetivos y visiones.

La tierra no solo es fundamental para la superviviencia de los pueblos indígenas, como lo es para la mayoría de las poblaciones rurales, sino que es central para su identidad.

“Tienen una profunda relación espiritual con sus territorios ancestrales. Además, cuando tienen un acceso seguro a la tierra, también tienen una base firme desde la cual mejorar su sustento”, subraya el FIDA.

Las comunidades indígenas y sus sistemas de conocimiento pueden desempeñar un papel vital en la conservación y en la gestión sostenible de los recursos naturales.

Potencial de las mujeres indígenas desaprovechado

El FIDA, también llamado “banco de los pobres” porque ofrece préstamos y créditos de bajo interés a comunidades rurales pobres, reconoce el potencial desaprovechado de las mujeres indígenas como administradoras de los recursos naturales y de la biodiversidad, como guardianas de la diversidad cultural y como agentes de paz e intermediarias en la mitigación de conflictos.

Sin embargo, las indígenas suelen estar entre los integrantes más desfavorecidos de sus comunidades por su limitado acceso a la educación, a los activos y a los créditos, así como a su exclusión de los procesos de decisión.

El FIDA es un organismo especializado de la ONU creado como institución financiera internacional en 1977, uno de los resultados más importantes de la Conferencia Mundial de la Alimentación de 1974, organizada para responder a la crisis alimentaria de principios de esa década y que afectó particularmente a los países africanos del Sahel.

En la conferencia mundial, los participantes convinieron que debía “crearse de inmediato un fondo internacional para financiar proyectos de desarrollo agrícola, principalmente destinados a la producción de alimentos en los países en desarrollo”.

Uno de los elementos más importantes derivados de la conferencia fue la comprensión de que las causas de la inseguridad alimentaria y de la hambruna no obedecían tanto a las malas cosechas, sino a problemas estructurales relacionados con la pobreza y al hecho de que la mayoría de las poblaciones pobres de los países en desarrollo se concentraban en zonas rurales.

Desde su creación, el FIDA invirtió 18.400 millones de dólares que beneficiaron a unas 464 millones de personas en áreas rurales.

Traducido por Verónica Firme

Foto: En la mayor parte de los Andes, se estima que la erosión del suelo es uno de los principales factores que limitan la producción agrícola. Crédito: Juan I. Cortés/©IFAD

15 de febrero de 2017

"Ya se me van a la mierda de acá, sino los cago a tiros"

Entrevista con César Arias, miembro de la comunidad Happo Pau del Pueblo Guaraní que estuvo preso por una falsa denuncia del empresario francés Huberto Bourlon de Rouvre, quien ocupa tierras ilegalmente y desde hace años los amenaza y hostiga.

Si la Justicia fuese igual para todos, cuando una persona le roba la comida a otra, la víctima no debiera ir presa. Si la Justicia fuese igual para todos, cualquier persona podría hacer una denuncia y ser escuchada. Si la Justicia fuese igual para todos, los que tienen armas de fuego y poder económico no podrían amedrentar y amenazar a los que menos tienen.

Pero la Justicia no es igual para todos. Juega para los empresarios extranjeros, para los inmigrantes a los que nadie persigue. No para los pueblos originarios, no para los que viven de cultivar la tierra. Pasa con Joel Lewis y con Benetton en el sur del país. Pero también pasa en el norte. En Salta, César Arias, miembro de la comunidad guaraní Happo Pau fue detenido luego de que el empresario francés Huberto Bourlon de Rouvre le macheteara todas las plantaciones. Y pasó más de una semana encerrado. A pesar de que el delito lo cometió Bourlon de Rouvre, el que quedó preso fue César.

Pocas horas después de recuperar la libertad -si es que se le puede decir así a no poder entrar en el territorio donde se movió toda la vida-, César dialogó con Revista Cítrica. Ya no está preso, pero una orden judicial le impide acercarse a las tierras de las que según la ley 26.160 (que prohíbe los desalojos a los pueblos originarios) no pueden sacarlos, a las tierras usurpadas por Huberto Bourlon de Rouvre. “Las tierras no le corresponden. Pero la Justicia es tan injusta…. si uno no tiene plata y ellos sí, hacen lo que quieren. Yo le he reclamado, porque me macheteó las plantas. Y él fue, y me denunció, por amenazas de muerte, de todo dijo. Sin embargo, yo denuncio que él me macheteó las plantas, me rompió la chacra, los zapallos, las sandías, y a él no lo detienen. Porque tiene mucha plata. No como los pobres, que vivimos de las cosechas, y hacemos alguna changa. Yo estaba trabajando en una empresa y ahora vamos a ver, cuando me presenté el lunes, a ver si me siguen dando trabajo, porque me he ausentado dos semanas. Ahí estaba como ayudante de albañil”, relata César Arias, quien carga con antecendentes penales por las denuncias del empresario.

¿Por qué se repiten las persecuciones a los pueblos originarios en varios puntos del país?

Y, ellos son extranjeros, vienen por la tierra. Quieren los terrenos fiscales. Llegan de afuera, y los protegen porque tienen mucha plata. Alguna vez he entrado a la quinta y me apuntaron con un arma. Y nosotros, en nuestro territorio, nunca hemos apuntado con un arma. Ellos andan siempre armados. Y la Justicia pareciera que está a favor de ellos.

¿Se creen dueños del territorio pero no hay nada que demuestre que las tierras le pertenecen?

No tienen papeles. Tienen un papel trucho que se los dio un escribano, algo que cualquiera lo puede hacer. Él puso portones y nosotros ahora no somos libres de cruzar por nuestro camino, no podemos pasar. Encima nos machetearon todas las plantas. Por suerte ahora yo tengo trabajo y que de ahí yo puedo sacar para el alimento de los chicos. Pero igual no alcanza. Y con eso nos manteníamos. Aunque el alimento que se cultiva, y es de la tierra, tiene otro valor.


Hace 27 años que nos amenaza la familia Bourlon. Te ven, y te tiran la bronca. Andan armados siempre, y por eso uno nunca les puede decir nada. Si les levantás la voz, te falsifican cualquier cosa y te arman una causa, porque están prendidos con la fiscal, el juez y hasta el gobernador Urtubey

¿Cuál es el negocio del francés Huberto Bourlon Rouvré?

Él quiere seguir sacando las maderas. El año pasado, Embarcación se inundó. Y nos echan la culpa a nosotros, cuando ellos se dedican a cortar la madera. A ellos no los culpan porque tienen plata. Todos culpan a los pobres. Nos acusan de destrozar el monte. Dicen que lo hacemos de noche.

¿Bourlon Rouvré ya te había amenazado en otras oportunidades?

Sí, cuando yo era más chico, tenía unos doce años. Mi hermana andaba por los ocho o nueve. Nosotros íbamos para donde tiran el líquido cloacal de la ciudad. Él vino con un jeep, y dijo: "¿Qué hacen ustedes en mi campo? ¡Ustedes me quemaron el campo!". Y nosotros le dijimos que no. Y dijo: "Ya se me van a la mierda de acá, sino los cago a tiros". Y nosotros cruzamos asustados. Éramos tan chicos, y no sabíamos qué hacer. Y ese tipo de amenazas no fueron solamente para mí, se las hizo a toda la gente de la comunidad. Cada vez que algún hermano va a buscar leña, o va al río recibe las amenazas.

O sea esto viene desde hace mucho años

Y más o menos desde que yo tenía doce años. Ahora ya tengo 39. Hace un montón. Y ellos siempre son así. Te ven, y te tiran la bronca. Andan armados siempre, y por eso uno nunca les puede decir nada. Si vos les levantás la voz, te falsifican cualquier cosa y te arman una causa, porque están prendidos con la fiscal, el juez y hasta el gobernador (Juan Manuel Urtubey).

“A la hija de César, la zamarrearon, la ahorcaron y la tiraron como una bolsa de basura”

Durante la semana cinco personas, dos de ellas menores de edad, fueron detenidas y golpeadas por la policía jujeña mientras participaban de una manifestación para reclamar la liberación de César Arias. Diana Situé fue una de las víctimas de la persecución: “Estábamos siendo vigilados por infantería. El cacique pidió la orden del juez, pero la policía no nos mostró nada: dijeron que actuaban de oficio. Corrieron a las mujeres y a los chicos, entre ellos al hijo de una hermana. Él solo estaba caminando y los policías le pegaron, fue muy violento. También la agarraron a la hija de César, la ahorcaron, la zamarreraron, la apretaron y la tiraron como una bolsa de basura entre cinco policías al patrullero. Además llevaron detenido a alguien que estaba filmando y borraron toda la información, a mí me agarraron cuando reclamé que dejaran de pegar y que no se los llevaran. Fuimos cuatro detenidos por la comunidad y un colombiano que estaba vendiendo muebles que se acercó a mirar y se lo llevaron, querían llevar preso a cualquiera violentamente. Cuando nosotros queremos hacer una denuncia, la policía nunca está. Pero para llevarnos, siempre aparecen rápido”.

LA CUEVA DE LAS MANOS ESTÁ AMENAZADA POR LA MINERÍA A CIELO ABIERTO



LA MINERA PATAGONIA GOLD PONE EN PELIGRO EL SITIO CUEVA DE LAS MANOS Y SU ENTORNO CON MÁS DE 70 YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS EN UN PAISAJE CULTURAL ENMARCADO EN 10.000 AÑOS DE HISTORIA DE PRESENCIA HUMANA.

En sintonía con la política extractivista de nuestro gobierno, la empresa minera Patagonia Gold obtuvo de la Secretaría de Minería de la provincia de Santa Cruz el permiso de exploración minera, en las cercanías del sitio Cueva de las Manos, a orillas de la Ruta 40, dentro de la Estancia Cueva de las Manos, que había sido adquirida por la Fundación Flora y Fauna para ampliar el Parque Nacional Patagonia.

En la reciente audiencia de conciliación entre La Fundación Flora y Fauna y la minera Patagonia Gold, que tuvo lugar en la secretaría de estado de minería de Santa Cruz, por este sitio arqueológico ubicado a unos 170 kilómetros del glaciar Perito Moreno, no hubo acuerdo.

Compartimos a continuación un informe de Fundación Flora y Fauna que expone el peligro al que son sometidos la Ruta 40 y la zona de la Cueva de las Manos por la exploración minera:

El área de exploración minera ya había sido declarada anteriormente Paisaje Protegido con una extensión de 101.790 ha, y Monumento Histórico Nacional, protegiendo el entorno del Rio Pinturas de actividades extractivas o que pudieran dañar los múltiples yacimientos arqueológicos, por lo que el permiso resulta ilegal.

En lo administrativo, también existen falencias en la forma en que fue evaluado, ya que el permiso fue otorgado sin haberse realizado la Evaluación de Impacto Ambiental que exigen las leyes ambientales nacionales y provinciales, habiendo sido analizada la propuesta únicamente dentro del ámbito de la Secretaria de Minería, sin audiencia publica ni intervención del Municipio de Perito Moreno. Cabe aclarar que la empresa Patagonia Gold tiene como socia a la empresa Formicruz (empresa minera perteneciente a la provincia de Santa Cruz), con lo cual la autoridad de aplicación podría no estar libre de intereses contrapuestos.

Creemos que el sitio Cueva de las Manos y su entorno, con más de 70 yacimientos arqueológicos de similar valor, deben ser un bien público administrado por un equipo independiente del poder minero, con autoridad para proteger no solo las pinturas, sino también la riqueza de la naturaleza y el paisaje cultural enmarcado en 10.000 años de historia de presencia humana.

Además de su inobjetable valor arqueológico e histórico, el sector Cueva de las Manos es hoy uno de los 8 portales turísticos de un novedoso destino regional, denominado “Circuito Binacional Parque Patagonia”. Se trata de un recorrido que circunvala las áreas protegidas de Argentina y Chile, recorriendo escenarios de gran belleza paisajística, que conecta las localidades de Perito Moreno, Bajo Caracoles, Lago Posadas, Cochrane, Pto. Bertrand, Guadal, Chile chico y Los Antiguos. Sin duda, una gran oportunidad ecoturística para la zona norte de la provincia de Santa Cruz que ayudara a fortalecer desarrollo local de esas comunidades.

La exploración y futura explotación minera sobre ruta 40, no solo pondrá en riesgo los valores arqueológicos, históricos y paisajísticos de un área única de nuestro país, sino que además afectará irremediablemente al nuevo destino ecoturístico emergente, que promete un desarrollo sustentable para las localidades vecinas.

Detalle de los Acontecimientos Mineros y sus Impactos

A fines de octubre del 2016, la empresa Patagonia Gold obtuvo un permiso de la Secretaría de Minería de la provincia de santa Cruz para realizar perforaciones dentro de la Estancia Cueva de las Manos con el fin de relevar la existencia de minerales. Estas perforaciones se encuentran muy cercanas y fácilmente visibles desde la emblemática Ruta 40, a mitad de camino entre el Sitio de Patrimonio Mundial de la Humanidad Cueva de las Manos y la ciudad de Perito Moreno. Además, como toda la zona, se trata de un área de gran riqueza arqueológica en donde se han identificado numerosos restos arqueológicos de alto valor de conservación.

Si la exploración arroja como resultado la existencia de oro en concentraciones rentables para la empresa, su extracción solamente sería factible en un emprendimiento minero a cielo abierto, a la vista de todo visitante que quiera conocer el Sitio Cueva de las Manos, y con el daño irreversible que tal actividad generaría en el paisaje y los yacimientos arqueológicos existentes en el área.

Los impactos de la minería sobre el medio donde se realiza son ampliamente conocidos y probados: devasta la superficie, cambia rotundamente la morfología del terreno, genera grandes cantidades de material estéril, presenta riesgos por contaminación por cianuro, el entorno pierde su atracción escénica y son irremediables no solamente por la destrucción del paisaje y por ser perfectamente visible desde la Ruta 40, sino por el daño irreparable en términos de preservación de áreas de interés arqueológico en una zona única y por el impacto que genera el tránsito constante de vehículos de gran porte que romperían el potencial turístico.

El área representa uno de los más valiosos yacimientos arqueológicos del País, a la vez que es, después del Glaciar Perito Moreno, la atracción turística más importante de la Provincia de Santa Cruz, siendo uno de los faros que hacen reconocida a la Provincia ante el mundo.

El informe completo acá: http://www.florayfaunaargentina.org/download/Gacetilla.pdf